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No es fácil saber cómo ha de portarse un hombre para hacerse un mediano lugar en el mundo.
Si uno aparenta talento o instrucción, se adquiere el odio de las gentes, porque le tienen por soberbio, osado y capaz de cosas grandes... Si es uno sincero y humano y fácil de reconciliarse con el que le ha agraviado, le llaman cobarde y pusilánime; si procura elevarse, ambicioso; si se contenta con la medianía, desidioso: si sigue la corriente del mundo, adquiere nota de adulador; si se opone a los delirios de los hombres, sienta plaza de extravagante.
Cartas Marruecas. José Cadalso.

domingo, 3 de junio de 2012

Muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu...







09may 2009

Tengo una duda. Soy partidario de que el Estado regule e intervenga en la actividad económica, de que se imponga un salario máximo y, a partir de una cantidad, el que gane más grave un 80% del excedente, por poner un ejemplo. Sin embargo, no soy partidario de que todos los bienes sean de propiedad común y de que todo el mundo tenga el mismo salario trabaje donde trabaje, porque, a pesar de que es una idea alentadora y justiciera, qué vamos a hacer si hay una lista de espera de meses para ir al médico de cabecera o no hay ya edificios donde vivir. Porque, ¿quién va a estudiar una carrera tan complicada como arquitectura si, total, van a ganar lo mismo? Mi duda es: ¿soy comunista? ¿capitalista? ¿semicapitalista?
DANIEL  MADRID

El otro día estaba cenando con una docena de amigos y uno dijo: aquí hay demasiados comunistas. Otro respondió: contándome a mí, me salen cinco. Todos nos miramos unos a otros y empezamos a sumar con los dedos por debajo del mantel. Uno me miró y admití: a mí no me cuentes, soy comunista, pero no tengo carné. El que calculaba cinco dijo: a ti no te contaba, Rafita, yo me refiero, como decía Lenin, a comunistas de verdad, es decir, a los que puedan detener.

Así que, si me pregunta a mí, le responderé que creo que usted tampoco es comunista: no corremos ningún peligro. No pierda la esperanza, sin embargo. Supongo que conoce la diferencia entre la propiedad de los medios de producción y los bienes de consumo y me imagino que la idea de que el único impulso concebible para hacer algo sea ganar más que el vecino no le dejará por completo satisfecho.

Siempre les digo a mis amigos comunistas (que son más de cinco) que, cuando me fusilen, al menos no tendré que preguntarles por qué. Convencido de que una de las raíces de la injusticia es la división del trabajo, aquí estoy haciendo de chupatintas. Sin ninguna duda de que la respuesta es la acción colectiva, sigo en pijama en mi casa mimando mi supuesta originalidad. A sabiendas de que no hay teoría que no surja de la práctica revolucionaria, ya me ve, elucubrando pamplinas. Etc. Pero ya le digo: no perdamos la esperanza.


Isaak Brodsky, La ejecución de los veintiséis comisarios de Bakú

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