Entrada

No es fácil saber cómo ha de portarse un hombre para hacerse un mediano lugar en el mundo.
Si uno aparenta talento o instrucción, se adquiere el odio de las gentes, porque le tienen por soberbio, osado y capaz de cosas grandes... Si es uno sincero y humano y fácil de reconciliarse con el que le ha agraviado, le llaman cobarde y pusilánime; si procura elevarse, ambicioso; si se contenta con la medianía, desidioso: si sigue la corriente del mundo, adquiere nota de adulador; si se opone a los delirios de los hombres, sienta plaza de extravagante.
Cartas Marruecas. José Cadalso.

domingo, 22 de abril de 2012

Estaba con otra cosa...



Estaba con otra cosa en el blog (que dejo para más adelante), después de preparar la base para el arroz -si me sale bien lo contaré; en realidad, cuando haga el primer arroz realmente bueno, lo lanzaré a los cuatro vientos -, y desayunar con la perra en la terraza de abajo, leyendo El (Pijo) País.


Me encuentro con este artículo de Morán, y ya decido colgarlo, pero al llegar al último párrafo, necesito colgarlo.

Es una frivolidad comparar la política de los sionistas con la de los nazis. Una bobería parecida a asimilar el nazismo con el comunismo. La pereza intelectual es lo que obliga siempre a amalgamarlo todo.

Creo que la única vez que he estado a punto de abandonar una manifestación fue cuando vi llegar a una pareja de unos 20 años, muy mono él y muy mona ella, vestidos como hebreos y portando brazaletes nazis con el azul de Israel. Soy Dr. Najib y no quiero sionismo, pero me asquea el antisemitismo, y si es de izquierda, que es lo mío, más.


De 1946 a 2000

De 1946 a 2000, en sangre



El derecho a la manipulación, de Gregorio Morán en La Vanguardia 

10 enero 2009

SABATINAS INTEMPESTIVAS
La palabra manipulación se puede aplicar a multitud de actividades humanas y no provoca ningún recelo. La manipulación de los alimentos está regulada. La manipulación de la seda, del pan, del calzado, están legitimadas por la costumbre. Pero si alguien se atreve con la manipulación del arte, entonces la gente se mosquea. Y la manipulación de la literatura. O eso que mucha gente tiende a denominar literatura, y que no es otra cosa que la industria del libro. Aquellos señores, tan conservadores ellos, que inventaron el premio Nadal, con Ignacio Agustí a la cabeza, fueron capaces de decirle que no a un manipulador de la opinión literaria de España, como era González Ruano, y darle el premio a una chica que sólo conocían en su casa de la calle Balmes, Carmen Laforet. ¿Alguien se atrevería ahora a decirles a los manipuladores literarios del grupo Planeta que no le vamos a dar el premio a Maruja Torres, sino a otra que escribe con algo más de talento y que no conoce nadie? Me es indiferente que le den el premio Nadal, el Planeta o el de los Grandes Expresos Europeos, pero lo que me parece una estafa manipuladora es que los diarios lleven días anunciando que el premio es para Maruja Torres, que es a la literatura lo que Marujita Díaz a la canción española, cuando aún tendrían que estar deliberando y leyéndose los manuscritos. Me impresiona siempre la estafa, eso que queda detrás de la manipulación; las decenas de autores decentes que se han quedado de un pasmo y burlados. Y nos hemos acostumbrado a ello como si fuera un gaje del oficio, que es la base sobre la que se construyen todas las manipulaciones. ¿Por qué nuestros amigos tienen el derecho a ser unos chorizos y los adversarios no lo tienen? No lo he entendido nunca.
La guerra de Gaza, por ejemplo, que es a lo que voy. En primer lugar eso no es una guerra, es una carnicería organizada por un ejército al completo -tierra, mar y aire- frente a unos tipos de firmes creencias y escasos recursos, que tienen mar, pero no tienen Marina para defenderse; que tienen aire, polucionado, pero no helicópteros, y que tienen tierra, muy poca, y angosta y pobre como un desierto sin blindados. En lenguaje llano, una escabechina. Pero fíjense en la manipulación. Los ejércitos del Estado de Israel ya han matado cerca de un millar, incluidos niños, mujeres y ancianos. Y usted, que es responsable periodístico, da una fotografía de la masacre. Pero en aras del equilibrio informativo que le exigen los manipuladores, debe incluir otra foto del soldado israelí caído y llorado, legítimamente, por los suyos. De poco le valdrá explicar que después de ejecutar, los verdugos no tienen derecho a imagen, porque ya la han ejercido matando. No, se equivoca. Si no lo hace, le lloverán las cartas protestando por supuesta parcialidad.
Desengáñense. Israel no ha querido la paz nunca, y si alguna vez ha soñado con ella, es la paz de la victoria, aquella que nace de la liquidación del enemigo; aniquilarlo y después de quitarle las tierras, decir que eran suyas… desde los tiempos bíblicos. Bastaría el paisaje de los asentamientos en territorio palestino; nadie puede permanecer indiferente ante esa desmesura. Eso hay que verlo para creerlo. No sé si alguno de ustedes ha tenido el siniestro privilegio de viajar a Israel y visitar los campos de concentración para palestinos de Cisjordania y Gaza, y si además es del gremio periodístico, y no va pagado por las instituciones de Israel, poder vivir una de esas sesiones entre colegas donde cada uno vomita lo que lleva sufriendo sin poder escribirlo nunca. Usted puede visitar Israel y no enterarse de nada. Nunca olvidaré a un pobre militante de Comisiones Obreras de Catalunya que cuando escribí hace ya muchos años una serie sobre la mortal decadencia de la revolución cubana, mandó una carta indignada a este diario señalando lo bien que lo habían tratado y lo bien que estaba todo en su viaje oficial a Cuba. En Israel puede usted vivirlo en grado superlativo, porque hay algo que lo distingue de cualquier otro ensayo estatal, una apariencia laica en un Estado racialmente confesional. Cuando las organizaciones palestinas que luchaban contra la ocupación se vanagloriaban de su agnosticismo, el fundamentalismo era israelí. Ahora son dos fundamentalismos sin ninguna posibilidad de encuentro, pero con una diferencia: los que mueren van al paraíso. Debe estar lleno el paraíso de fanáticos, porque antes se moría por una idea, ahora se han vuelto vulgares y mueren por una recompensa, en el más allá.
Cada vez que oigo o leo eso de que Israel es la única democracia de Oriente Medio, no puedo menos que recordar aquella otra manipulación que sufrimos durante décadas. La Sudáfrica del apartheid gastó millones en la promoción de la primera democracia de África,que eran ellos. Fíjense si seré ingenuo, que yo siempre pensé que algún día saldrían a relucir aquellos viajes organizados por el Estado racista sudafricano al que iban directores de periódicos, jefes de la sección internacional e intelectuales susceptibles, que entonces en España había muchos. No era más que un viaje, decían, y gratis total. ¡Qué belleza la de sus paisajes, qué emprendedores sus empresarios, qué inteligentes sus políticos! Me acuerdo de esas frases, que hoy suenan a colono sionista: “No tenemos nada contra los negros, pero este país es nuestro; los negros tienen derecho a vivir…, pero en sus territorios”. No es extraño que fuera Israel el socio más íntimo del régimen racista de Sudáfrica. Yo ya soy mayor, y ya me resulta muy difícil creer en fundamentalismos, pero no me cabe duda de que si viviera en Gaza o en Cisjordania sería un colaborador de la lucha de ese pueblo, fuera con Hamas o con Al Fatah o con quien peleara contra la opresión. Entiendo que la gente se vaya, aunque esa sea la intención de Israel, que se marchen. ¿Por qué los palestinos no se instalan en Jordania?, me decía un tipo inteligente, culto, sionista e infectado de esa bacteria letal para la inteligencia: “Yo estoy con mi patria, con razón o sin ella”. Sin razón, no hay patria que se sostenga mucho tiempo; lo demás es fascismo, o esa variante cutre de la hoy llamada cultura futbolera: que ganen los míos, aunque sea de mala manera.
La invasión de Gaza, la destrucción de la resistencia palestina, es una operación perfectamente organizada en el tiempo, en los medios y en la coyuntura política. Tienen hasta el 20 de enero y la toma de posesión de Obama. No por nada especial, sino para cubrirse del riesgo, porque nada puede seguir siendo lo mismo y la impunidad del Estado israelí, absolutamente vicario de Estados Unidos, no puede seguir, a menos de correr el riesgo de que allí se abra el frente que provoque un conflicto internacional. Bastaría un dato, auténtica perla del derecho a la manipulación. Estamos sufriendo el agobio que significa la posibilidad de que un país como Irán, con un régimen bastardo y criminal, se haga con el arma atómica. Anular tal posibilidad me parece una tarea imprescindible, pero ¿por qué no precisamos que el único país de Oriente Próximo que dispone de bombas atómicas es Israel? ¿Acaso las tienen para decorar el Neguev? ¿Alguien duda, después de todo lo que han hecho hasta ahora, de que podrían utilizarlas y poner al mundo ante el hecho consumado?
Es una frivolidad comparar la política de los sionistas con la de los nazis. Una bobería parecida a asimilar el nazismo con el comunismo. La pereza intelectual es lo que obliga siempre a amalgamarlo todo. Tendemos a amalgamar lo que no logramos desentrañar, para hacerlo más accesible a nuestra rutina mental. El Israel actual no tiene futuro, y eso es un problema de tiempo. Fue un proyecto ambicioso y temerario, y fracasó, como fracasó la revolución rusa, y la cubana, y muchas otras. Y debe resolverse sin echar a los sionistas al mar, ni a los palestinos en las cunetas. Así de sencillo, pero mientras haya quien piense que es enviado de Jehová o de Alá para lograr que su pueblo se constituya en paraíso, no habrá nada que hacer. Los cohetes chungos de Hamas sobre territorio israelí, centenares en diez años y ocho muertos, no son más que el recordatorio de que hay un pueblo que vive bajo la opresión y en su propia tierra. El verdugo no puede exigir que las víctimas acepten sus reglas y que además se porten bien.


sábado, 14 de abril de 2012

14 de abril de 2012


Hoy el día ha sido ventoso y fresco, con un cielo a ratos blanco, a ratos azul, a ratos de un gris ceniza; llovió anoche, ha llovido esta mañana, quizá llueva esta noche.


Es el tipo de día que a mí llena los pulmones y el espíritu y me alegra, y que muchos dirán que es desapacible. Cuando voy con las manos en los bolsillos, si tengo el pelo largo, revuelto por el aire, con los ojos entrecerrados y la piel despierta, sonrío y siempre me viene a la memoria esta canción de Gary Moore, de mi juventud.








A las tres, tras almorzar, mi hija y yo hemos sacado a pasear a la perrita. Hemos realizado uno de los recorridos habituales, girando a la derecha, llegando hasta la rotonda y cogiendo allí el paseo. En este, casi no nos hemos cruzado con nadie, olía a follaje fresco y píaban mirlos y gorriones. Al norte, sobre la sierra, nubes oscuras, casi negras; sobre nosotros nubes de blanco plata y huecos de azul y sol.


Por la tarde con mi hijo chico he ido a ver una película de propaganda yanqui, buenos americanos aliados con japoneses en Hawái, luchando contra alienígenas. Sigue la idea de Hawking, para qué queremos llamar a los aliens, como nos escuchen y puedan venir, vamos a ser nosotros los indios y ellos Colón, si no algo peor. Me ha gustado la peli, acción a buen ritmo y música de Eisidisi, ideal para compartir una tarde con mi niño.


En Radio Ser escuché mientras preparaba la mesa para el almuerzo, esta noticia. Decía el doctor que hay que ver qué pundonor el del paciente, que quería a toda costa sanar para cumplir sus importantes funciones. Qué imbécil el doctor, qué cretino y sinvergüenza el paciente.




Botsuana


¡Viva la República!

martes, 10 de abril de 2012

Galloway y Mélenchon




Mélenchon
Gorgeous George








George Galloway y Jean-Luc Mélenchon: el inmenso vacío a la izquierda del socialiberalismo europeo comienza a ocuparse




Si las elecciones presidenciales del mes próximo resultan según lo esperado, Francia se dirige hacia un enfrentamiento a causa del desastroso impulso de austeridad que ahoga hoy la vida económica de la eurozona. Al igual que en Gran Bretaña, la economía lucha por recobrarse del derrumbe de 2008, cargada con las deudas de los bancos malos y encaminada a recortes y aumentos de impuestos que la debilitarán, pero con el peso añadido de verse aherrojada en un tratado orquestado por Alemania que ilegalizara el estímulo económico. 
Desde las atrocidades del mes pasado en Toulouse, el presidente Nicolas Sarkozy ha subido un poco en las encuestas, dando gusto a xenófobos e islamófobos y postulándose como adalid de la seguridad. Pero el presidente más impopular en los 53 años de la V República Francesa todavía está seis puntos por detrás de su rival socialista para el desempate de la segunda vuelta. A menos que se produzca alguna alteración imprevista, se espera una vez más que el titular del cargo que ha pasado la crisis se vea finiquitado y se elija como presidente en mayo a François Hollande.  
El insípido Hollande queda muy lejos del radical al que le dan vueltas los ojos retratado por los medios de información británicos. "Abrimos los mercados a las finanzas y la privatización", se jactó recientemente, refiriéndose a los gobiernos socialistas de afectos neoliberales de los años 90. Y ha respaldado la regla "de oro" de presupuesto equilibrado que exige el nuevo tratado fiscal. Pero también ha prometido renegociar el tratado y apoya un programa de empleo sufragado por impuestos a los bancos y la riqueza, junto a una tasa impositiva del 75% para aquellos que ganan más de un millón de euros al año, asunto como para provocar pesadillas a George Osborne [Ministro del Tesoro británico].
Lo que ha transformado la contienda ha sido el espectacular ascenso de Jean-Luc Mélenchon, antiguo ministro socialista y candidato del Front de Gauche (Frente de Izquierda), que ha pasado del 6% al 15% en pocos meses, convirtiéndose en "tercer hombre" fundamental en las elecciones. Lo ha logrado con una campaña descaradamente populista, tomando como objetivo los votantes de clase trabajadora marginados que son presa del Frente Nacional, inspirando a jóvenes abstencionistas y utilizando el tipo de lenguaje de la calle ajeno a los círculos mágicos del estamento político francés que él abandonó.
El resultado, tal como informó The Economist, ha constituido toda una "sensación". El mes pasado Mélenchon apeló una "insurrección cívica" ante cien mil de sus partidarios reunidos en la Plaza de la Bastilla de París. Respaldado por los comunistas, ha unido a casi la totalidad de la quisquillosa izquierda francesa tras él, demandando un límite para los ingresos anuales superiores a 360.000 euros, el desmantelamiento de la OTAN,  control de los bancos, retirada de Afganistán, referéndum sobre el tratado de la UE,    "desobediencia" europea y derecho de los trabajadores a hacerse cargo de fábricas amenazadas de cierre. De forma crucial, le ha puesto la proa a la Marine Le Pen acosadora de musulmanes del Frente Nacional, – a la que denunció como un "monstruo de asco que escupe odio" – sobrepasándola en las encuestas, y contribuyendo en ese proceso a disipar la amenaza de que pudiera alcanzar la segunda vuelta, como fue el caso de su padre en 2002. De modo aun más revelador, el éxito de Mélenchon ha empujado a los dos candidatos principales a adoptar una retórica más radical sobre la economía: la tasa impositiva del 75%  de Hollande fue una respuesta directa al fenómeno Mélenchon, mientras que ahora hasta Sarkozy exige que paguen más los ricos y juguetea con alguna desobediencia propia respecto a la UE.
No se puede, por supuesto, trasponer una campaña nacional francesa que compromete a millones de personas a los extraordinarios resultados electorales de Bradford Oeste, que han visto cómo George Galloway conseguía mayor incremento en la proporción de voto que la de cualquier elección parcial (Irlanda del Norte aparte) desde 1945, y con más votos que los de todos los demás partidos juntos. Pero algunos paralelos son, con todo, llamativos.
En ambos casos, un antiguo parlamentario bien conocido del principal partido de centro izquierda ha recurrido a un populismo carismático de izquierda radical para movilizar a votantes distanciados en el extremo más afilado de la austeridad contra una élite política que ha fracasado a lo largo de décadas a la hora de hacer algo por ellos.
Tal como sucede con Mélenchon, los medios informativos metropolitanos aborrecen tanto a Galloway que – a excepción del Guardian – ni siquiera supieron dar cuenta informativamente de la marea ascendiente de apoyo a Respect [formación política de Galloway] durante la campaña y se han mostrado en buena medida incapaces de explicar su sentido desde entonces, desestimándolo como algo fuera de lo común que se explica atendiendo a la pintoresca personalidad de Galloway y a su capacidad de "jugar la carta musulmana".
Es cierto que el historial de Galloway en lo que respecta a guerras y ocupaciones respaldadas por Occidente, así como su defensa sin compromisos de la comunidad más demonizada del país, le otorgaba una credibilidad especial en un distrito electoral con un 37% de población musulmana. Y la petición de retirar las tropas de Afganistán es desde luego popular entre los musulmanes, si bien la apoya también el 70% del país.   
Pero el ímpetu central de la arremetida de Galloway en Bradford se dirigió de hecho a los recortes, tasas de matrícula escolares, desempleo, pobreza y declive de una ciudad abandonada y mal gestionada por todos los partidos principales. Respect hizo campaña como "laborismo de verdad" frente al Nuevo Laborismo, mientras Galloway declaraba que quería "arrastrar al laborismo por una senda progresista". Y lejos de dividir a las comunidades siguiendo líneas étnicas o religiosas, logró mayoría en todas y cada una de las partes del distrito electoral, incluyendo las zonas mayoritariamente blancas.  
Bradford ha supuesto un voto contra la austeridad y la guerra, pero también contra un estamento político vilipendiado del yo-también, local y nacional. Ese distanciamiento ha ido creciendo con los años, pero a medida que se fuerzan los recortes y el nivel de vida se ve sometido a un rigor aun mayor, hay que esperar más acontecimientos extraordinarios cuando surjan oportunidades.
Esa distanciamiento es corriente en toda la Europa desindustrializada, desregulada y puede también explotarlo la derecha. Se trata de un supuesto común, basado en la experiencia de la década de 1930 sobre todo, que la derecha populista está mejor situada para explotar la volatilidad e inseguridad de una depresión. Pero tanto la campaña de  Mélenchon como la de Galloway, entre otras, constituyen un recordatorio de que la izquierda puede marcar el ritmo político si está preparada para dar voz a las auténticas preocupaciones de la gente. 
En Francia, el único peligro de victoria de Sarkozy proviene de que no veamos a Hollande ofrecer una auténtica alternativa. Y cuanto mayor sea el voto de Mélenchon en la primera vuelta, más difícil le resultará Hollande ceder cuando llegue el choque con con Angela Merkel, Bruselas y los mercados financieros.
Por lo que respecta a Gran Bretaña, una candidatura del género de la de Mélenchon o Bradford no podría por supuesto elaborar lograr una estrategia nacional triunfante. Pero ambas apuntan a un abismal espacio político no representado. O Ed Miliband se muestra más audaz en el intento de sacar al laborismo de una herencia desacreditada y dar voz con fuerza a lo que él llama su "maltrecha base"…o lo llenarán otros a medidas que los costes de la crisis golpeen más profundamente.  
Seumas Milne es un analista político británico que escribe en el diario The Guardian. También trabajó para The Economist. Es coautor de Beyond the Casino Economy.
Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

viernes, 6 de abril de 2012

Danza de la victoria


Magnífica escena de la cruda Ciudad de vida y muerte, película china sobre la invasión nipona de Nanking; épica, trágica, triste.


Kavafis, el griego de Alejandría, sobre Patroclo.


LAS EXEQUIAS DE SARPEDÓN

Profundo dolor tiene Zeus. Ha dado muerte
Patroclo a Sarpedón; y ahora se abalanzan
el hijo de Menecio y los aqueos a arrebatar
el cuerpo y ultrajarlo
Pero esto no agrada en absoluto a Zeus.
A su hijo amado -al que dejó
morir: tal era la ley-
al menos muerto lo honrará.
Y he aquí que envía a Apolo a la llanura
instruido de cómo cuidar el cuerpo.
Con unción y dolor el cadáver del héroe
levanta Apolo y lo lleva hasta el río.
Lo limpia del polvo y de la sangre;
cura las horribles heridas, sin dejar
que aparezca vestigio alguno; vierte sobre él
los aromas de la ambrosía; y con espléndidos ropajes
olímpicos lo viste.
Blanquea su cutis; y con una peineta de perlas
sus cabellos negrísimos peina.
Los hermosos miembros los arregla y recuesta.
Ahora parece un joven rey auriga -
en sus veinticinco años, en sus veintiséis-
que reposa después haber ganado,
con un carro de oro y velocísimos caballos,
en un certamen famoso el galardón.
En cuanto Apolo hubo terminado
su misión, llamó a los dos hermanos
al Sueño y a la Muerte, ordenándoles
que el cuerpo llevaran a Licia, ese rico país.
Y hacia allá al rico país, a Licia,
viajaron estos dos hermanos
Sueño y Muerte, y cuando ya llegaron
a la puerta de la casa real,
entregaron el glorificado cuerpo,
y volvieron a sus otras preocupaciones y quehaceres.
Y cuando 1o recibieron allí; en la casa, comenzó
con procesiones, y honras, y lamentos,
y con abundantes libaciones en sagradas crateras,
y con todo lo necesario, la triste sepultación;
y después hábiles artesanos de la ciudad
y afamados artífices de la piedra
vinieron a labrar el túmulo y la estela








.

LOS CABALLOS DE AQUILES

Cuando vieron muerto a Patroclo,
que era tan valeroso, y fuerte, y joven,
los caballos de Aquiles comenzaron a llorar;
sus naturalezas inmortales se indignaban
por esta obra de la muerte que contemplaban.
Sacudían sus cabezas y agitaban sus largas crines,
golpeaban la tierra con las patas, y lloraban a Patroclo
al que sentían inanimado -destruido-
una carne ahora mísera -su espíritu desaparecido-
indefenso -sin aliento-
devuelto desde la vida a la gran Nada.
Las lágrimas vio Zeus de los inmortales
caballos y apenose. "En las bodas de Peleo"
dijo "no debí así irreflexivamente actuar;
¡mejor que no os hubiéramos dado caballos míos
desdichados! Qué buscabais allí abajo
entre la mísera humanidad que es juego del destino.
A vosotros que no la muerte acecha, ni la vejez
efímeras desgracias os atormentan. En sus padecimientos
os mezclaron los humanos". -Pero sus lágrimas
seguían derramando los dos nobles animales
por la desgracia sin fin de la muerte.


Patroclo, de David



lunes, 2 de abril de 2012

El comunista y proárabe Galloway vuelve a escena


El comunista y proárabe Galloway vuelve a escena

Los laboristas sufren una catastrófica derrota en una circunscripción con una población mayoritara musulmana 

31.03.12 - 00:29 -
Los principales partidos pueden preguntarse si el resultado refleja la extensión 
de un descontento hacia el sistema político -la participación, del 50%, cayó quince 
puntos con respecto al 2010-, pero los laboristas, que encajan un rechazo 
desastroso para un partido en la oposición cuando el Gobierno toma 
decisiones económicas impopulares, achacan el resultado a subestimar 
una amenaza familiar.
George Galloway se convirtió a los 27 años en el más joven organizador 
de la historia laborista escocesa en su ciudad natal, Dundee, y hasta su 
expulsión, en el 2003, fue un militante incómodo, que invitaba a los 
comunistas a entrar en el principal partido de la izquierda, desafiaba la 
política oficial y mostró finalmente un desprecio público insistente a Tony Blair.
Su currículum combina una ideología de extrema izquierda -apoyo a la Unión 
Soviética, a Fidel Castro y a Sadam Hussein- con numerosos pleitos contra 
quienes le acusaron de financiación ilegal o ilegítima y actuaciones estelares 
en el comité del Senado de Estados Unidos que investigaba si recibió 
donaciones de Hussein o en el programa de televisión 'Gran Hermano'.
Su popularidad mediática le ofreció en el 2005 una plataforma para 
arrebatar el escaño a la diputada laborista por el distrito londinense de 
Bethnal Green y Bow, donde hay, junto a Bradford West, la mayor 
concentración de población procedente de Pakistán y Bangladesh en 
Reino Unido. La invasión de Irak le dio una coartada para una estrategia 
electoral exitosa.
Mientras los demás partidos presentaron candidatos de origen asiático 
que aceptaban las políticas convencionales británicas, Galloway 
formó un nuevo partido, Respect (Respeto), y se alió con grupos locales 
y el trostkista Partido Socialista de los Trabajadores (SWP) para fomentar 
una campaña populista que combinó el reclamo a los votantes musulmanes 
con la oposición a la guerra.
En Bradford Oeste, la guerra ya no podía actuar como un estímulo militante. 
Galloway apeló a la población más joven del país, salvo en zonas de Londres, 
achacando el alto desempleo y las malas escuelas al abandono laborista. 
Bradford fue un gran centro textil pero ha sufrido un largo proceso de 
desindustrialización que afecta especialmente a algunas áreas del oeste.
Salvar el cine Odeon del derribo ha sido un tema central de la campaña de 
Galloway, que prometió que, tras su elección, visitará a sus amigos «en un 
par de fondos soberanos» de países de Oriente Próximo que estarían 
en deuda con él por sus campañas políticas, y les pedirá que financien 
la construcción de un Instituto Árabe-Británico como el que tiene París al 
borde del Sena.

Conflicto social (I)


En Barcelona, verano de 2011, manifestaciones del 15-M.







Génova, cumbre del G-8, verano de 2001.


Carlo Giuliani

El atropello de Génova

 
 

La cumbre del G-8 de hace diez años registró “la mayor violación de derechos humanos de la historia de Italia desde el fin de la guerra”. Una advertencia muy actual para la Europa convulsa.
El 20 y 21 de julio de 2001 hubo una cumbre del G-8 en Génova. El lector quizá recuerde vagamente que en ella se registraron “incidentes”. Lo que seguramente no sabe es que en aquellos días se produjo, “la mayor violación de derechos humanos de la historia de Italia desde la segunda guerra mundial” – según la contundente fórmula de Amnistía Internacional- resultado de una brutalidad policial planificada. En una Europa en la que crecen las protestas civiles, el tema es de una enorme actualidad.
Diez años después, dos periodistas italianos, Franco Fracassi y Mássimo Lauria, han reconstruido los hechos en un minucioso y detallado documental titulado “La Cumbre” (The Summit), que se ha presentado en Berlín. Más de un centenar de entrevistas y un millar de documentos, policías, activistas torturados, detenidos, atropellados y testimonios de expertos y de varios de los miles de participantes que resultaron heridos, muchos de seriedad, arrojan un testimonio sobrecogedor.


Trama negra para escarmentar
De ellos se desprende que las manifestaciones, inicialmente pacíficas, fueron violentadas por grupos provocadores vinculados a la policía, bloqueadas policialmente sin opción de escapar y atacadas con intención de escarmentar, de acuerdo a un guión preestablecido que días antes de los hechos contemplaba en uno de sus documentos el escenario de “una muerte”, cosa que sucedió en la persona del activista Carlo Giuliani, en lo que parece haber sido una encerrona planificada.

“Algunos miembros de sindicatos policiales nos confirmaron que no fueron errores tácticos casuales, sino una estrategia deliberada y planificada para golpear al movimiento por los derechos globales”, dice Lauria. “Cuantos más testimonios entrevistamos, más claro se nos hizo que en Génova hubo una clara intención de masacrar literalmente a un movimiento civil”, dice Fracassi, un ex corresponsal de guerra, que fue golpeado en Génova pese a su condición de periodista y se confiesa “impresionado” por la experiencia.


Pinochetismo en Europa
“Lo que vimos se pareció mucho a los métodos de las dictaduras sudamericanas de los setenta”, recuerda el diputado alemán Hans-Christian Ströbele, que acudió a Génova en una comisión de investigación. Allí vio en un hospital al periodista británico Mark Covell. El joven pernoctaba junto con muchos otros en la escuela Díaz, que el Foro Social de Génova habilitó como centro de prensa. La policía tomó la escuela por asalto, destruyó todos los ordenadores que encontró y atacó a la gente que estaba durmiendo en sus sacos. Covell y Ströbele asistieron a la presentación del documental en Berlín.

Covell fue apalizado hasta caer en coma. “Me hice el muerto, pero seguían golpeando”, dice. Al final casi se muere de verdad: conmoción cerebral, perforación pulmonar y pérdida de diez dientes. Otras 63 personas de la escuela fueron heridas, algunas salieron en camilla con pronóstico reservado. El objetivo del ataque a la escuela era destruir las pruebas, fotos y filmaciones, de la violencia de la víspera. De paso la policía introdujo en el edificio los cócteles Molotov que luego se mostraron como pruebas del delito.


Encerrona
La víspera, en la Piazza Alimonda, un jeep policial se había parado al alcance de una multitud previamente maltratada y calentada, con la aparente intención de crear una situación en la que el uso del arma de fuego en defensa pudiera presentarse como apropiada, lo que concluyó con la muerte de Giuliani por un disparo policial en la cabeza. El asalto a la escuela pudo tener como objetivo hacerse con las imágenes de aquella encerrona. Las 250.000 personas que al día siguiente se manifestaron al grito de “¡asesinos!” fueron rodeadas y reprimidas.

“Lo que pasó me marcó para toda la vida”, dice una mujer que fue torturada en un centro de detención, junto con decenas de otros manifestantes detenidos aquel día, entre insultos y golpes de unos policías que parecían drogados por su brutalidad.


El “Black Bloc” como recurso
Pieza central de toda la situación registrada en Génova fueron los manifestantes del llamado “Black Bloc” (bloque negro). Ese sujeto hizo su aparición en las protestas contra la central nuclear alemana de Brokdorf ya en los años setenta. Son grupos de manifestantes violentos, instrumentalizados, infiltrados o directamente organizados por la policía, difíciles de distinguir de los simples neonazis. Muchos de ellos acudieron a Génova desde Alemania tras haber participado en manifestaciones neonazis, como se pudo comprobar al examinar algunos de los teléfonos móviles que se les incautaron, explica Sergio Finardi, experto en “tácticas de guerra informales”.

El objetivo del “Black Bloc” es reventar las manifestaciones, evitar una amplia y pacifica participación de la ciudadanía, y dar motivos a la policía con su vandalismo para reprimir y desprestigiar los motivos de la protesta, dice. La secuencia consiste en dejar al “Black Bloc” hacer impunemente su trabajo sin que la policía intervenga, a continuación se carga con violencia, pero no contra los violentos sino contra los normales. En Génova no hubo ni una sola detención de esos sujetos. El guión se repite en múltiples protestas del movimiento antiglobalización, dice Finardi.


Violencia
Sería ingenuo pensar que toda la violencia contestataria es obra de provocadores. Cualquiera con una visión realista de la vida sabe que incluso en las mejores causas no hay carencia de personas impulsivas, de pocas luces, o ambas cosas a la vez. También es notorio lo fácil que es convertir en irritada y violenta a una multitud en principio pacífica. Esto no es una reflexión pedestre sobre “la violencia” de la que hablan los medios de comunicación. Aquí no se habla, por ejemplo, de la enorme violencia que supone una realidad social, llena de desempleo, de injusticias y de estafas sociales que ofenden a la dignidad ciudadana. Simplemente se constata lo anecdótico. A saber: que en una manifestación de 50.000 o 100.000 por una causa justa y clara, doscientas personas quemen tres contenedores, un vehículo y ataquen un cajero automático, es, por desgracia, absolutamente anecdótico, independientemente de que esa imagen sea portada en The New York Times o en cualquier otro medio con el objetivo de que “la violencia” haga perder de vista la esencia del asunto. Aun más, esa manipulación mediática forma parte de la violencia, porque es una mentira como lo son llamar “salvamento de Grecia” o “emisión del Banco Central Europeo” a la subvención continuada a la banca privada, mientras se obliga a la ciudadanía europea socialmente más desfavorecida a apretarse el cinturón.



De la provocación y sus antecedentes
De lo que aquí se habla y advierte es de otra cosa: del conocido uso del  “Agent provocateur”. Su figura acompaña la historia del movimiento obrero desde sus mismos orígenes y llega hasta los hechos de Génova. En el París de principios del siglo XX, con su miseria extrema y su escena anarquista y socialista la abundancia de aquellos personajes era extraordinaria, como explica, entre muchos otros, Victor Serge (Victor Kibalchich) en sus memorias. La Rusia de la “Naródnaya Volia” ofrece situaciones increíbles, muchas de las cuales se revelaron al incautar la Revolución Rusa los archivos de la Ojrana, la policía política zarista, y lo mismo, aunque mucho más inocente, ocurrió aquí con la Stasi, sin ir más lejos, o ocurre hoy con los curiosos infiltrados de la policía política alemana, el BfV, en la escena neonazi.

Para quienes vivimos como estudiantes la España del último franquismo y la de la transición, el “agent provocateur” es también una figura familiar. Su historia está por escribir y va desde lo más alto, el terrorismo puro y duro, hasta lo movimientos estudiantiles.
A finales de los años setenta un conocido abogado de Barcelona me contó como su cliente, un miembro del Comité Central del Partido Comunista (R), una delirante organización maoísta muy cercana a las pistolas, había sido interrogado, y naturalmente torturado en comisaría, por la misma persona que le había reclutado para el partido un año antes. Con las historia del Grapo, una organización violenta maoísta, hay toda una historia por escribir.
A un nivel menos inquietante, pero no menos significativo, se puede mencionar la historia de cómo se acabó, a partir de 1977, con el ambiente de hermandad izquierdista que dominaba geográficamente las Ramblas de Barcelona, aquel extraordinario espacio de ligue, fiesta civil y pacífica, conspiraciones estudiantiles de café e intercambio de revistas y panfletos. De repente zonas enteras como la Plaza Real fueron invadidas por la droga y la agresiva criminalidad a ella ligada. En Canaletas, cada fin de semana estallaban “manifestaciones” de 50 personas con gran profusión de cócteles Molotov por causas como la “solidaridad con el Sáhara” o con “Euskadi”, o, como decía Buñuel en su surrealista película, con los “grupos armados del Niño Jesús”. Su protagonista era un grupo izquierdista llamado PCI (no confundir con lo que luego fue el Partido del Trabajo). Estaba compuesto fundamentalmente por gente de los bajos fondos a sueldo del Gobierno Civil de Barcelona. La gente normal dejó en pocos meses de ir a las Ramblas, que hoy se han convertido en el habitual espacio sin alma que suele afirmar el turismo masivo.
Encargué a un compañero gráfico de profesión que hiciera fotos de aquellas “manifestaciones” barcelonesas. Me trajo primeros planos, siempre los mismos rostros, con un par de jefes hampones de aspecto inconfundible, que eran los que repartían el dinero, y conexiones con un oscuro despacho de abogados de la Calle Balmes. El reportaje no se publicó, por las mismas razones por las que han sido necesarios diez años para que Fracassi y Lauria nos explicaran lo de Génova: no había interés, y era necesario remar muy fuerte a contracorriente para acabar al final informativamente derrotado…
Todo esto forma parte de una generación y es archiconocido. Pero es de suma actualidad hoy en esta Europa que se va a hacer más tensa y convulsa. Lo que nos lleva a otra reflexión.


Sobre la inteligencia de la especie
Un conocimiento superficial de la Historia sugiere la falacia de su progresiva evolución hacia un mundo mejor. No sólo no hay avances lineales e inexorables hacia situaciones socialmente mejores, sino más bien una anárquica sucesión de avances y retrocesos. Parafraseando un popular dicho cinematográfico ruso, podríamos decir que el progreso de la humanidad es “asunto sutil”. Como me explicó con gran simpleza en una ocasión Andrei Bitov,  un conocido escritor ruso, “a veces pienso que la humanidad no tiene remedio y que camina decidida hacia el desastre, otras veces, en cambio, llego a pensar exactamente lo contrario”.

La reflexión era a propósito de la crisis global, de la que el problema del calentamiento es aspecto, del rampante militarismo (Occidente está metido hoy directa o indirectamente en una veintena de guerras, señala el informe de un Think Tank de Heidelberg), y, sobre todo, a propósito de la combinación de ambos aspectos, el uno exigiendo a gritos una nueva y superior civilización con otra metodología, y el otro apuntando inequívocamente hacia lo Neandertal…
Todo esto viene a cuento de nuestra reacción ante la actual “crisis financiera”, que es una mera y casi anecdótica nota a pie de página, al lado de los retos que plantea la verdadera crisis recién evocada, sobre todo en sus aspectos energéticos y sociales.
La pregunta es si seremos lo suficientemente sabios, los de arriba y los de abajo, más sabios como especie, más allá si se quiere de la lucha de clases y de las relaciones de dominio imperial entre el Norte y el Sur, en resolver de forma viable y no suicida este siglo XXI. En Europa Occidental llevamos más de tres generaciones de progreso continuado, las memorias de grandes violencias y del hambre (que en 1947 era un dato central en Barcelona, Berlín o Budapest) se han hecho borrosas.


¿Es posible un conflicto social “blando”?
La Historia, de nuevo, sugiere que los de arriba, las oligarquías que dominan nuestras sociedades con diferentes matices, sólo aprenden y se hacen sensibles a la justicia a base de presión social. Las bonitas libertades y garantías europeas, hoy por desgracia tan maltrechas y con tan mal pronóstico de evolución, fueron resultado de pactos y compromisos, revoluciones y contrarrevoluciones rodeados de sangre, violencia y sufrimiento ¿Será el futuro diferente? ¿Es posible un conflicto social con metodologías “blandas”? Así lo afirma, por ejemplo, el 15-M español, pero así lo complica un escenario como el genovés.

En la zona euro los activos monetarios en manos privadas, 27 billones de euros son más de tres veces superiores al monto total de la deuda de los países implicados, que asciende a 8,2 billones (de ellos 2,1 billones son deuda alemana), señala Eurostat. La mitad de esos activos (60% en Alemania) están en manos del 10% más rico de la población ¿Es posible convencer a los ricos y más poderosos de la peligrosidad e inestabilidad que representa, también para ellos y para sus intereses, el afirmar una polarización social tan extrema e insostenible como la que preside nuestro mundo y avanza incluso en las ciudades de los países europeos más prósperos? ¿Es posible convencerles para una política fiscal menos injusta? Hasta un tonto comprende que si uno no quiere que el perro le muerda hay que echarle un hueso de vez en cuando, y aquí no se trata de huesos ni de perros sino de cierta democracia real.
Desde luego, no habrá convencimiento sin pulso social, pero ¿habrá pulso social sin violencia, la violencia radical de los despidos y de los recortes, de los desahucios, de la manipulación informativa, de los “agents provocateurs”, y, por supuesto, de los necios que queman contenedores y destruyen cajeros automáticos sin que les pague siquiera el Gobierno Civil de turno?
Con todo eso rondando en la cabeza salimos del cine, y de la charla berlinesa con Fracassi y Lauria, al término del pase de su documental sobre el atropello de Génova.






Carlo Giuliani


domingo, 1 de abril de 2012

Donde el obrero vota al Frente Nacional



La dama blanca y elegante llama al paisano Jean-Marie borgne; yo me equivoqué y lo llamé ivrogne, pero igualmente me entendieron, sin citarlo.




Marine Le Pen, la niña de Jean-Marie




Donde el obrero vota al Frente Nacional


María Francisca González regenta un negocio de patatas fritas, llamado Chez González, en la plaza central de Hénin-Beaumont. Mi abuelo era un barquillero de Santander y mi madre cruzó andando los Pirineos en 1948, explica. González nació en este pueblo de aspecto flamenco y pequeñas casas alineadas de ladrillo rojo, situada al sur de Lille y cerca de la frontera con Bélgica: Mi abuelo vendía helados con una camioneta a los mineros polacos, italianos, españoles y marroquíes. Hoy, solo las dos montañas negras donde se dejaban los residuos del carbón, en las que hoy crece una hierba rebelde y dos árboles ralos, dan testimonio de aquella época.


(...)


David Noël, secretario de la sección local del Front de Gauche (Frente de Izquierda), explica así la transición desde la izquierda a la ultraderecha: El PCF sacaba aquí el 20% de los votos en los años ochenta y noventa. Cuando nos asociamos al Gobierno de Lionel Jospin, todo cambió. Apoyamos las privatizaciones y perdimos el sitio. Luego el alcalde socialista acabó en la cárcel y emergió el Frente Nacional. En cierto modo fue engañoso, porque Le Pen es un oportunista que solo vino a ocupar ese vacío. La pena es que nos hemos convertido en la excepción que confirma la regla. Los socialistas se han desintegrado, y solo quedamos nosotros y Le Pen.
¿Será que los extremos se tocan? Según Noël, el discurso de Marine Le Pen, sus ideas xenófobas, antieuropeas y nacionalistas, no se parecen nada a las que defiende el Front de Gauche de Mélenchon. Pero en realidad su discurso no es tan distinto. Desde que Le Pen ha añadido unas gotas de perfume social y republicano al ideario de su padre no resulta fácil distinguir entre los dos programas. Los dos piden más proteccionismo, menos globalización, más nacionalismo empresarial. Pero en realidad, todos los partidos franceses ofrecen esa misma receta.

(...)

Esa distancia de las élites, alianza política, mediática y empresarial explica en buena parte el fenómeno del Frente Nacional y a la vez el del Frente de Izquierda, porque los dos beben, más que del apoyo de nostálgicos fascistas y comunistas, que también, del voto indignado y antisistema. Las encuestas reflejan que la opción electoral preferida de los jóvenes de entre 18 y 22 años es Marine Le Pen. Y solo después eligen al socialista François Hollande.
La Francia obrera del norte votó en 2005 contra la Constitución europea con la mayor convicción de todo el país: un 75%. Unos, como Noël o González, votaron no a la Europa del capital. ¿Y los del Frente Nacional? A pesar de sus grandes resultados, los militantes del Frente Nacional del pueblo parecen seguir sintiendo vergüenza de su condición, porque resulta muy difícil encontrar a alguien en el pueblo que diga que vota a Le Pen. Dino, el patrón del café de la Paix, cuenta que tiene un parroquiano amigo de Marine, y cree que el éxito de Le Pen se debe al miedo a la inmigración y sobre todo al paro: En el pueblo hay casas con hombres de tres generaciones y ninguno trabaja.

(...)

María Francisca González, como buena hija de republicana española, piensa seguir resistiendo: Nos han tomado como rehenes, pero el enemigo no es el Frente Nacional. El verdadero enemigo son las guerras intestinas de la izquierda. En Hénin-Beaumont la retórica de los años treinta se ha puesto otra vez de actualidad.