Entrada

No es fácil saber cómo ha de portarse un hombre para hacerse un mediano lugar en el mundo.
Si uno aparenta talento o instrucción, se adquiere el odio de las gentes, porque le tienen por soberbio, osado y capaz de cosas grandes... Si es uno sincero y humano y fácil de reconciliarse con el que le ha agraviado, le llaman cobarde y pusilánime; si procura elevarse, ambicioso; si se contenta con la medianía, desidioso: si sigue la corriente del mundo, adquiere nota de adulador; si se opone a los delirios de los hombres, sienta plaza de extravagante.
Cartas Marruecas. José Cadalso.

domingo, 1 de abril de 2012

Donde el obrero vota al Frente Nacional



La dama blanca y elegante llama al paisano Jean-Marie borgne; yo me equivoqué y lo llamé ivrogne, pero igualmente me entendieron, sin citarlo.




Marine Le Pen, la niña de Jean-Marie




Donde el obrero vota al Frente Nacional


María Francisca González regenta un negocio de patatas fritas, llamado Chez González, en la plaza central de Hénin-Beaumont. Mi abuelo era un barquillero de Santander y mi madre cruzó andando los Pirineos en 1948, explica. González nació en este pueblo de aspecto flamenco y pequeñas casas alineadas de ladrillo rojo, situada al sur de Lille y cerca de la frontera con Bélgica: Mi abuelo vendía helados con una camioneta a los mineros polacos, italianos, españoles y marroquíes. Hoy, solo las dos montañas negras donde se dejaban los residuos del carbón, en las que hoy crece una hierba rebelde y dos árboles ralos, dan testimonio de aquella época.


(...)


David Noël, secretario de la sección local del Front de Gauche (Frente de Izquierda), explica así la transición desde la izquierda a la ultraderecha: El PCF sacaba aquí el 20% de los votos en los años ochenta y noventa. Cuando nos asociamos al Gobierno de Lionel Jospin, todo cambió. Apoyamos las privatizaciones y perdimos el sitio. Luego el alcalde socialista acabó en la cárcel y emergió el Frente Nacional. En cierto modo fue engañoso, porque Le Pen es un oportunista que solo vino a ocupar ese vacío. La pena es que nos hemos convertido en la excepción que confirma la regla. Los socialistas se han desintegrado, y solo quedamos nosotros y Le Pen.
¿Será que los extremos se tocan? Según Noël, el discurso de Marine Le Pen, sus ideas xenófobas, antieuropeas y nacionalistas, no se parecen nada a las que defiende el Front de Gauche de Mélenchon. Pero en realidad su discurso no es tan distinto. Desde que Le Pen ha añadido unas gotas de perfume social y republicano al ideario de su padre no resulta fácil distinguir entre los dos programas. Los dos piden más proteccionismo, menos globalización, más nacionalismo empresarial. Pero en realidad, todos los partidos franceses ofrecen esa misma receta.

(...)

Esa distancia de las élites, alianza política, mediática y empresarial explica en buena parte el fenómeno del Frente Nacional y a la vez el del Frente de Izquierda, porque los dos beben, más que del apoyo de nostálgicos fascistas y comunistas, que también, del voto indignado y antisistema. Las encuestas reflejan que la opción electoral preferida de los jóvenes de entre 18 y 22 años es Marine Le Pen. Y solo después eligen al socialista François Hollande.
La Francia obrera del norte votó en 2005 contra la Constitución europea con la mayor convicción de todo el país: un 75%. Unos, como Noël o González, votaron no a la Europa del capital. ¿Y los del Frente Nacional? A pesar de sus grandes resultados, los militantes del Frente Nacional del pueblo parecen seguir sintiendo vergüenza de su condición, porque resulta muy difícil encontrar a alguien en el pueblo que diga que vota a Le Pen. Dino, el patrón del café de la Paix, cuenta que tiene un parroquiano amigo de Marine, y cree que el éxito de Le Pen se debe al miedo a la inmigración y sobre todo al paro: En el pueblo hay casas con hombres de tres generaciones y ninguno trabaja.

(...)

María Francisca González, como buena hija de republicana española, piensa seguir resistiendo: Nos han tomado como rehenes, pero el enemigo no es el Frente Nacional. El verdadero enemigo son las guerras intestinas de la izquierda. En Hénin-Beaumont la retórica de los años treinta se ha puesto otra vez de actualidad.









No hay comentarios:

Publicar un comentario