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No es fácil saber cómo ha de portarse un hombre para hacerse un mediano lugar en el mundo.
Si uno aparenta talento o instrucción, se adquiere el odio de las gentes, porque le tienen por soberbio, osado y capaz de cosas grandes... Si es uno sincero y humano y fácil de reconciliarse con el que le ha agraviado, le llaman cobarde y pusilánime; si procura elevarse, ambicioso; si se contenta con la medianía, desidioso: si sigue la corriente del mundo, adquiere nota de adulador; si se opone a los delirios de los hombres, sienta plaza de extravagante.
Cartas Marruecas. José Cadalso.

jueves, 14 de febrero de 2013

Échale la culpa a la poesía



Échale la culpa a la poesía


bertolt brecht
Bertolt Brecht.

Claudicar quería decir cojear y, por extensión, hoy significa andar no muy derecho, es decir, ceder, rendirse, someterse.
Hay quien piensa que la poesía ha claudicado hace ya tanto tiempo que hoy no tiene remedio ni hay forma de enderezarla.
Bertolt Brecht, por ejemplo, escribió su Lied des Lyriker, su canción del poeta, en 1931 y, aunque es larga, merece la pena leerla entera (o bien no leerla en absoluto).
El subtítulo sitúa el poema als schon im ersten Drittel des 20. Jahrhunderts für Gedichte nichts mehr gezahlt wurde, es decir, cuando en el primer tercio del siglo XX no se pagaba ya nada por la poesía.
Sigo (no sin algunos caprichos míos, bastante veniales) la traducción de aquellos Poemas y canciones, de Alianza Editorial, obra de Jesús López Pacheco y Vicente Romano; un librito con portada en rojo, que transportábamos antes los jóvenes en el bolsillo de la trenca, por parques, cines, barras de bares y transbordos de metro.
Dice así:
1
Esto que vais a leer está en verso.
Lo digo porque acaso no sabéis ya lo que es un verso ni un poeta.
La verdad, no os portasteis muy bien con nosotros.
2
¿No habéis notado nada? ¿Nada tenéis que preguntar?
¿No observasteis que nadie publicaba ya versos?
¿Y sabéis la razón? Os la voy a decir:
Antes, los versos se leían y pagaban.
3
Hoy nadie paga ya nada por la poesía.
Por eso hoy no se escribe. Los poetas preguntan:
“¿Quién la lee?” Mas también se preguntan:
“¿Quién la paga?”
Si no se le paga, no escribe. A tal situación los habéis reducido.
Este estado de emergencia lo reconocemos ahora tanto como en 1931. Salvo chavales que llevan libros en el bolsillo, la poesía no tiene interés para la mayoría de los adultos y nadie está dispuesto a pagar a cambio de poesía. ¿Cómo se ha llegado hasta aquí?
4
Pero ¿por qué?, se pregunta el poeta. ¿Qué falta he cometido?
¿No hice siempre lo que me exigían los que me pagaban?
¿Acaso no he cumplido mis promesas?
Y oigo decir a los que pintan cuadros
5
que ya no se compra ninguno. Y los cuadros también
fueron siempre aduladores; hoy yacen en el desván...
¿Qué tenéis contra nosotros? ¿Por qué no queréis pagar?
Mientras leemos que os hacéis cada día más y más ricos...
La historia que nos cuenta Brecht es el pecado original de la poesía (o del arte en general, ya que lo mismo sucede con la pintura, para no hablar del cine, por ejemplo en España): la claudicación.
No se trata de que el poeta Fulano o la poetisa Zutana claudiquen, se dejen condecorar en Jerusalén o en Estocolmo, reciban el premio Loewe o el Reina Sofía, ni de que Perenganito, con corona de laurel, escriba ditirambos en verso para la toma de posesión del emperador Obama o de que el novelista Menganito compare a Esperanza Aguirre con Juana de Arco. Para Brecht es algo más grave: una enmienda a la totalidad. Es la poesía la que siempre ha cedido y se ha sometido, al servicio de quienes la pagan. Es nuestra concepción del arte la que se arrastra cojeando, claudicante, a la sombra del poder.
6
¿Acaso cuando teníamos el estómago lleno, 
no os hemos cantado sobre todo lo que disfrutabais en la tierra?
Así lo disfrutabais otra vez: la carne de vuestras mujeres,
la melancolía del otoño, el arroyo, sus aguas bajo la luna...
7
La dulzura de vuestras frutas. El rumor de la hoja al caer.
De nuevo la carne de vuestras mujeres. Lo invisible
por encima vosotros. Hasta el recuerdo del polvo
en que os habéis de transformar al final.
¿Han hecho eso el arte y la poesía? ¿Tanto han claudicado? ¿Han levantado un inventario de los bienes de los poderosos y se los han entregado, embellecidos, revestidos de cualidades espirituales, para que pudieran disfrutarlos aún más a gusto? ¿Les han facilitado los poetas a quienes les pagaban la pacífica posesión de lo material y de lo inmaterial, la carne y el espíritu; les han ofrecido un alma y unos sentimientos, das Fleisch eurer Weiber y das Unsichtbare über euch? ¿Han cobrado por eso durante siglos de andar cojeando, desde el buen caballero Garcilaso hasta su último escudero?
8
Pero no es sólo esto lo que pagabais gustosos. Lo que
escribíamos
sobre aquellos que no se sientan como vosotros en sillas de oro,
también nos lo pagabais siempre. ¡Cuántas lágrimas
enjugamos!
Así que la poesía también ha proporcionado alivio a la mala conciencia de los explotadores: les ha convencido de que ellos también tienen sus corazoncitos y hasta sensibilidad ante el dolor de los demás. En ese caso, ¿no tiene aún más delito?
9
¡Cuántas veces consolamos a quienes vosotros heríais!
Mucho hemos trabajado para vosotros, jamás nos negamos.
Siempre nos sometimos. Lo más que decíamos era 
“¡Pagadlo!”
¡Cuántos crímenes hemos cometido así por vosotros!
¡Cuántos crímenes!
¡Y siempre nos conformábamos con las sobras de
vuestra comida!
10
Ay, ante vuestros carros hundidos en sangre y porquería
nosotros siempre uncimos nuestras grandes palabras.
A vuestro corral de matanzas le llamamos “campo
del honor”,
y “hermanos de labios largos” a vuestros cañones.
11
En los papeles que pedían impuestos para vosotros
hemos pintado los cuadros más maravillosos.
Y declamando nuestros cantos ardientes
siempre os volvieron a pagar los impuestos.
12
Hemos estudiado y mezclado las palabras como drogas,
aplicando tan sólo las mejores, las más fuertes.
Quienes las tomaron de nosotros, se las tragaron,
y se entregaron a vuestras manos como corderos.
Wieviel Untat! ¡Cuántos crímenes, cuántos delitos! ¿Es la poesía, entonces, cómplice del poder y sus crímenes, auxiliar necesario para la explotación? ¿Y todo a cambio tan sólo de las sobras de la comida, todo pagado sólo con el premio Cervantes, con unos canapés, con la alfombra roja de los Goya?
13
A vosotros os hemos comparado sólo con aquello que
os placía.
En general, con los que fueron también celebrados
injustamente
por quienes les calificaban de mecenas sin tener nada
caliente en el estómago.
Y furiosamente perseguimos a vuestros enemigos con
poesías como puñales.
14
¿Por qué, de pronto, dejáis de visitar nuestros mercados?
¡No tardéis tanto en comer! ¡Se nos enfrían las sobras!
¿Por qué no nos hacéis más encargos? ¿Ni un cuadro?
¿Ni una loa siquiera?
¿Es que os creéis agradables tal como sois?
15
¡Tened cuidado! ¡No podéis prescindir de nosotros!
Ojalá supiéramos cómo atraer
vuestra mirada hacia nosotros!
Creednos, señores: hoy seríamos más baratos.
Pero no podemos regalarles nuestros cuadros y versos.
16
Cuando empecé a escribir esto que leéis —¿lo estáis
leyendo?
me propuse que todos los versos rimaran.
Pero el trabajo me parecía excesivo, lo confieso a disgusto,
y pensé: ¿Quién me lo pagará? Decidí dejarlo.
La poesía es culpable, como el cine o la pintura: ha claudicado y ahora ¿qué puede hacer, salvo manifestarse gemebunda reclamando subvenciones en nombre de la cultura?
Roma no paga traidores. El desenlace de la claudicación, el resultado de ceder ante el poder, siempre es el mismo: cuando ya no te necesiten, te abandonarán a tu suerte.
Y entonces es demasiado tarde para amenazas vacías. ¡Tened cuidado!, dicen los poetas, pero nadie está leyendo ya.
La poesía, la claudicación del arte, es culpable de muchos crímenes, pero sobre todo de su actual insignificancia también en este primer tercio del siglo XXI.


domingo, 10 de febrero de 2013

La falsa cara de ‘El origen del mundo’


El bluf ha durado veinticuatro horas, pero qué bonita la mentira, qué bella la mujer, qué teológico el coño. Amén siempre.


¿Tiene cara ‘El origen del mundo’?

El mayor experto en la obra de Courbet certifica que el retrato de una mujer hallado en París es la parte superior del cuadro que escandalizó a la Francia del siglo XIX

Imagen del cuadro hallado en un anticuario; abajo, reproducción de 'El origen del mundo', de Courbet. / PHILIPPE PETIT/PARISMATCH

El origen del mundo (L’ origine du monde), el famoso cuadro pintado en 1866 por Gustave Courbet (1819-1877) en el que se ve en primerísimo plano el sexo velludo de una mujer, ¿tiene también cara? Según afirma el semanario francés Paris-Matchen su última edición, la respuesta es sí. El rostro de la dueña de uno de los cuerpos desnudos más audaces, explícitos y perturbadores de la historia del arte, está —estaría— pintado en un pequeño óleo de 33 x 41 centímetros que ha sido objeto de una larga y rocambolesca investigación. Pero algunos expertos manifiestan su radical escepticismo, y el Museo de Orsay, donde se expone la obra desde 1995, guarda un prudente silencio.
El relato comienza en 2010, cuando un aficionado al arte, que según la revista prefiere no ser identificado de momento, compró un pequeño retrato horizontal de la cara de una mujer en un anticuario de París por 1.400 euros. El óleo no está firmado y muestra un rostro ladeado hacia atrás, una boca entreabierta, un gesto de lascivia aparente. En 2012, el comprador pensó que se trataba de la obra de un maestro y decidió lanzarse a la búsqueda del autor. Sacó la tela del marco; comprobó que la pintura había sido “manifiestamente cortada” y que parecía proceder de una tela más grande. Luego descubrió, por un sello medio borrado que se veía en el reverso, el nombre de un marchante de colores del siglo XIX. Lo siguiente fue… meterse en Google para comprobar la identidad de la modelo.
“Una noche, febril, se topa con El origen en Internet”, escribe la revista francesa. “La imprime en tamaño natural (46 x 55), la superpone a su cuadro con un pequeño decalage… Y ahí está la revelación”. El examen parece indicar que la cara es la prolongación y el espejo del cuerpo pintado pero no firmado por Gustave Courbet, que fue cedido al Estado francés por la Fundación Lacan cuando murió su último propietario, el psicoanalista Jacques Lacan.
En junio, el anónimo propietario da con una reproducción de otra obra de Courbet, La femme au perroquet (Mujer con loro), que se expone en el Metropolitan de Nueva York. Es un retrato de la irlandesa Joanna Hiffernan, pareja del pintor James Whistler, que posó varias veces para Courbet, de quien fue amante. Y se parece mucho a la suya.
Los historiadores consideran El origen del mundo una obra icónica, legendaria e incompleta. De su pasado se sabe que perteneció a un diplomático otomano, llamado Khalil-Bey, que al parecer lo mantuvo escondido tras una cortina verde durante 20 años y solo descorría la cortina para enseñar la joya a las visitas.
El incansable detective siguió investigando, y leyó el relato de un amigo de Courbet, Jules Troubat, que tras una visita de Khalil-Bey al estudio del artista escribió lo siguiente: “Se trató sobre una serie de cuadros y cuadritos que se esconden en algunos museos secretos de Europa o América”. Esta mención hizo sospechar al héroe anónimo que El origen del mundo formaba parte de un cuadro más grande que habría sido troceado.
Cada vez más animado, el comprador consulta con Jean-Jacques Fernier, del Instituto Gustave-Courbet, autor del catálogo razonado de la obra del pintor. Este ordena hacer un análisis del cuadro al Centro de Análisis e Investigación en Arte y Arqueología de París: radiografías, rayos X, espectrometría de infrarrojos. Resultado: “Los pigmentos, la capa marrón de los contornos, la largura de las pinceladas, todo correspondía punto por punto a El origen del mundo”. El experto inscribe el retrato en su catálogo y confirma su teoría de que El origen del mundo es una obra incompleta.
¿Se non è vero è ben trovato? En el Museo Courbet de Ornans tienen menos fe. La conservadora Frédérique Thomas-Mauri, declaraba al diario Libération: “No estoy convencida”. El Museo de Orsay señalaba que sus expertos “no se pronunciarán de momento sobre el caso”. El más duro fue Hubert Duchemin, un marchante francés con más de 25 años de carrera: “¡Esta historia es una tontería! Lo ve hasta un niño de dos años. No es un garabato, y muy probablemente se pintó en el XIX, pero en Courbet hay violencia, casi salvajismo, y aquí todo es control y dulzura".

Ni miedo, ni respeto











Ni miedo, ni respeto, de Gregorio Morán en La Vanguardia


SABATINAS INTEMPESTIVAS
Primero fue el miedo. Hubo un día en que nos perdieron el miedo. Es difícil de precisar, pero ocurrió, aunque ahora nos quede muy lejos. Ya antes de la transición había aparecido el miedo. En abril de 1974, cuando la revolución de los claveles en Portugal, aquel insólito golpe militar democrático que derribaba una dictadura, generó un pánico extremo. El poder tenía miedo. Mantengo muy viva en mi memoria la imagen de un policía de la PIDE –los criminales de Estado– con las manos sobre la cabeza y los pantalones en los tobillos, rodeado de gentes que le escupían. No era para menos, en otra época y con gente menos respetuosa con la democracia que inauguraban, le hubieran hecho pedazos. El retrato portugués no anunciaba nada bueno. Para ellos.
Nosotros, los que nacimos sin la pérgola y el tenis, salimos a la vida con el miedo. A la mayoría de los españoles que nacieron bajo el franquismo les adosaron una mochila cargada de miedo. Fue Hobbes, Thomas Hobbes, un tipo raro que retrató al hombre como un lobo, quien expresó una idea con futuro. Cuando le parió su madre, salieron dos gemelos: él y el miedo. La verdad es que el suyo fue un parto prematuro causado por el terror que provocó en Gran Bretaña la inminente invasión de aquella arrebatada Armada Invencible de Felipe II. Para mayor intimidación nació el Viernes Santo de 1588. La verdad es que el miedo y él se llevaron muy bien; tocaba la viola y alcanzó los 91 años. La longevidad está hecha en gran parte de egoísmo.
Detesto a Hobbes; incluso escribí sobre ello e inauguré hace años un curso de la UNED, en Valencia, donde estaba previsto que viniera el príncipe Felipe, pero alguien le debió advertir de qué se trataba y llegó una vez terminado el soliloquio. Se disculpó. ¿Cuándo nos perdieron el miedo? Yo diría que con la transición avanzada. Hacia el final de la década de los setenta, cuando se montan los Pactos de la Moncloa y Santiago Carrillo está dispuesto a meter cuchara donde le den una oportunidad. Entonces se daba una situación chusca; la izquierda radical la representaba el PSOEUGT, y la conciliadora el PCE-CC.OO. El invento era una fantasmagoría, que cuando Suárez y la UCD descubrieron la truca, se convirtió en un chiste. En el mercado de valores político descubrieron que Carrillo valía menos que su antigua peluca.
Es bueno que el miedo se retire en la estabilización de una democracia, pero tiene sus riesgos. Si usted tiene miedo y el delincuente no, prepárese porque viajará a México. La ciudadanía está empapada de miedo. Miedo al futuro, miedo a la impunidad, miedo a los que mandan. Se ha invertido el miedo, volvemos a los tiempos de Hobbes y no nos alivia tocar la viola. A nosotros no nos tienen ningún miedo, todo lo más desprecio. ¿Qué haces cuando te atracan o te asaltan la casa, mientras escuchas al jefe de los policías que eso apenas existe y que sencillamente se exagera, porque las estadísticas, que ellos pagan, aseguran lo contrario? Lo peor de nuestro presente es que por razones históricas se mezcla Italia y México; una clase política desvergonzada y corrupta, y unos policías que no inspiran seguridad sino inquietud. El jodido que no provoca miedo está condenado a morir en miserable.
¿Y el respeto? Ninguno. Que aparezca un presidente del Gobierno diciendo que los papeles de Bárcenas son mentira “salvo algunas cosas” o que su homónimo de la Generalitat encabece la lucha contra la corrupción son un ejercicio de humillación a la ciudadanía. Nos faltan al respeto cuando se burlan de nosotros en nuestra cara. Yo me imagino que tipos como Rajoy, la Cospedal, Quico Homs o el mismísimo Mas se deben mirar al espejo apenas intervienen en sus ruedas de prensa taurinas, para felicitarse. ¡Vaya corrida! No es que no se crean ni una palabra de lo que dicen, es que además nos humillan con sus mentiras y se mantienen ahí, imperturbables. En Gran Bretaña ha dimitido el segundo líder del Partido Liberal, Chris Huhne, por mentir sobre una multa de tráfico. Aquí no quedaría uno. Yo le oí decir al inefable Quico Homs, reiteradamente, que el embargo de la sede de Convergencia era una falsedad. Y ahí está, incólume, salvando la patria. Su desprecio hacia nosotros es tal que ni siquiera tiene que rectificar, pueden mantener una mentira durante semanas, como hacían los cazadores con el faisán; hasta que se pudra y nos lo comamos en gurmet.
¿Cuándo nos perdieron el respeto? En el momento que nuestro voto valía lo mismo que un partido de fútbol, donde es sabido que las faltas de nuestro equipo son involuntarias, y las del adversario, conscientes. Confieso que no me creo una palabra de lo que se denomina “papeles secretos de Bárcenas”, con la pretenciosidad que trata de disimular la falsa foto de Chávez. (Por cierto, una pregunta banal: ¿No dimitió nadie en El País? Por menos que eso hemos escrito editoriales exigiendo dimisiones a la clase política). Lo único que está garantizado es que los tesoreros de los partidos políticos se hacen ricos en un tiempo récord. Pero aún no sé si este caballero de patilla exuberante se llevó a Suiza 10, 20 o 32 millones, que son cantidades en euros que me producen vahídos, acostumbrado a traducirlas a pesetas. En todo partido, en toda empresa, incluso las periodísticas, se dan sobres a quien debe hacer un viaje o cumple gastos que avalan sus superiores. No entiendo que tenga el mismo valor una partida para gastos de un mitin o un pago subterráneo, pero me llama la atención que las dos personas que más interés tienen en la sucesión de Rajoy, es decir, Aguirre y Gallardón, o el grupo valenciano golfo, con Zaplana a la cabeza, no hayan recibido ni un sobre para cubrir los gastos de cervezas en un mitin aldeano.
En fin, yo soy mayor y estas historias no me producen el efecto futbolero de los aficionados. Si es verdad que Bárcenas ha entregado esas listas y él niega que sean suyas, lo primero sería denunciar a los diarios que las han publicado. No. Si Rajoy asegura que son falsas “salvo alguna cosa”, debería llevarlo a los tribunales. Tampoco. En el fondo queda la duda de si se trata de una operación de mayor fuste, con el único interés de salvar los millones de Bárcenas en Suiza, recién repatriados por la amnistía fiscal que el ministro Montoro niega y la realidad parece confirmar. Lo único que intuyo es que aquí hay muchas mentiras y escasas verdades, y que ninguno de los protagonistas recibirá más pago que aquel, inolvidable, que inventaron las chicas y chicos del PSC de Sarrià-San Gervasi, “la pena del telediario”.
Nos perdieron el miedo hace muchos años, luego el respeto. Sólo nos queda nuestra capacidad de rebelión, porque la indignación quedó muy atrás y fue muy celebrada por los mismos que la provocaban. A mí me parece de perlas que se concentren miles de ciudadanos airados ante la sede el Partido Popular en Barcelona. Pero en honor a su dignidad humillada, deberían seguir con una visita a la sede de Convergència –calle Còrsega–, aunque sólo fuera porque está embargada por la justicia debido a la ilegalidad flagrante de su financiación. Y antes de retirarse a casa, otra sentada en la calle Nicaragua, sede del PSC. Pero eso deben hacerlo los mismos, no basta decir que los nuestros son menos chorizos que los otros. Salvo que hagamos aquello que contaba Ignacio Agustí refiriéndose a las damas del Liceu, que valoraban la belleza de las amantes de su marido.
Aquí no dimite nadie. Primero había que estar imputado, y ahora confirmado por el Tribunal Supremo, y así y todo se les encontrará acomodo a esos guardianes de los secretos que son los alcaldes, diputados, consejeros, proveedores de fondos para unos partidos más parecidos a organizaciones mafiosas que a servidores de su electorado. Nos perdieron el miedo. Luego el respeto. Habría que exigirnos a los columnistas que pusiéramos a pie de artículo en qué otras misiones nos ganamos el pan con jamón. Sería un servicio público y ayudaría a los lectores cándidos, facilitándoles la maduración.

sábado, 9 de febrero de 2013

Fusilamientos de Chucho, José de Jesús Martínez







José de Jesús Martínez, poeta, dramaturgo, matemático y ayudante del general Torrijos


José de Jesús Martínez, guardaespaldas y hombre de confianza del fallecido presidente panameño Omar Torrijos, falleció el pasado domingo en su residencia en Panamá de un ataque cardiaco. Tenía 61 años.Conocido como Chuchú o el sargento Chuchú, había nacido en Nicaragua y tenía nacionalidad panameña. Estudió en la Universidad Católica de Chile, en la Universidad de México y en la Sorbona de París, donde se licenció en matemáticas. Obtuvo doctorados en universidades europeas, entre ellas la Complutense de Madrid, donde se doctoró en Filosofia. Fue también aviador, catedrático de Filosofía Marxista y director del Centro de Estudios Torrijistas.
Martínez se presentó voluntario en la Guardia Nacional panameña, donde alcanzó el grado de sargento, y pronto se convirtió en persona de confianza de Torrijos, a quien acompañó en numerosos viajes al extranjero. Estuvo presente en el acto más importante de la historia de Panamá: la firma en Washington de los tratados que le permitirán recuperar el canal en el año 2000. Fue también guardaespaldas del sha de Irán durante su exilio en Contadora y responsable de la seguridad de Farah Diba. Como poeta y dramaturgo obtuvo varios premios: el Nacional de Teatro, en Madrid, por su obra La perrera, el premio Ricardo Miró de Panamá por sus guiones teatrales y ensayos filosóficos, y, el premio cubano Casa de las Américas por Mi general Torrijos,publicado en 1987.
Fue amigo del escritor Graham Greene, con quien colaboró en la biografía-reportaje sobre Torrijos titulada Descubriendo al general,publicada en 1984, y del general Manuel Antonio Noriega cuando éste era comandante jefe de las Fuerzas de Defensa panameñas. Chuchú afirmaba no conocer exactamente el número exacto de sus ex esposas ni la cifra de hijos, aunque calculaba que tenía una docena de descendientes.


José de Jesús Martínez
(1929-1991)

José de Jesús Martínez
Nació en Managua, Nicaragua, el 8 de junio de 1929.  Es panameño por ejercicio y voluntad. Doctor en Filosofía, matemático, catedrático y piloto de las extintas fuerzas de defensas de Panamá; además de poeta, ensayista y dramaturgo. Conocido en las letras panameñas como “Chucho Martínez”.
Los estudios primarios los realizó en San José Costa Rica y los secundarios en Estados Unidos, en la Tabor Academy de Marion, Massachuset. Realizo estudios universitarios en la Universidad Católica de Chile, en la Nacional Autónoma de México y después en la Complutense de Madrid. En esta última universidad obtuvo la Licenciatura en Filosofía y el Doctorado con una tesis sobre El tema de la muerte en la filosofía contemporánea.
En Panamá trabajó en la educación secundaria y universitaria enseñando lógica, filosofía y después matemáticas. Ejerció la docencia por más de treinta años y su mayor satisfacción consistió "en haberse ganado la credibilidad del estudiante".
Durante el gobierno del general Omar Torrijos, trabajó muy cerca de él, obtuvo el grado de Teniente de la Guardia Nacional y lo acompañó en todos sus viajes alrededor del mundo. "Haberme ganado su confianza fue otra de mis satisfacciones".
Fue instructor de vuelo y debido a un accidente en San Blas concluyó su vida de piloto. Este hecho, además de la invasión de Panamá, los consideró "sus mayores derrotas".
Participó en diversos congresos internacionales y ganó varios concursos literarios, entre ellos el Premio Ricardo Miró de Panamá, en varias ocasiones, así como el Premio Casa de las Américas con su libro Mi General Torrijos.
José de Jesús Martínez falleció en la ciudad de Panamá, el 27 de enero de 1991.






Ars amandi       
       
Cuando me faltas tú, todo me falta.
La silla en la que no estás sentada
no es una silla completa.
La casa en la que tú no estás, llena de fiesta y de gente,
está vacía sin embargo,
más llena de tu ausencia que de gente.
Porque en todas partes tú no estás
y tu ausencia es más espesa que la presencia de otros
y es más presente y pesa
sobre mi corazón y mis pulmones.

¿Lloras por eso, quizás, cuando me quedas viendo
desde el otro lado del abismo
después de haber hecho conmigo la paz y el amor?

Llueve en mi corazón

Llueve en mi corazón lágrimas duras
como en una ciudad deshabitada,
en la que entre la sombra reposada
sin paz me ronda tu recuerdo a oscuras;

por mis venas amargamente impuras
camina tu recuerdo hacia la nada:
y oigo mi pulso igual a su pisada:
en algo hueco, como sepulturas.

Procuro otros recuerdos de qué asirme
sobre este mar de luz, de esta razón,
donde entre pulso y tiempo y olas peno;

mas has de irte al fin, y he de morirme,
y he de caerme ahogado al corazón
que está de sombras y de ausencia lleno.

Hoy es siempre...    
          
Hoy es siempre. Hoy estoy vivo para siempre.
En un trago de agua me bebo todas las aguas.
En una sola sonrisa soy feliz.
En unas pocas horas de esta tarde altísima
todo lo sé, todo lo soy, lo respiro todo
de una sola aspirada pero de punta a punta.

Y algún día hoy estará muerto para siempre,
en esta misma tarde ya caída
y juzgado con la misma vara,
con la misma medida y con la misma hondura
que estoy viviendo en esta tarde para siempre.